1. Si al puerto de la filosofía, desde el cual se adentra ya en la región y tierra firme de la vida dichosa, ¡oh ilustre y magnánimo Teodoro!, se lograra arribar por un procedimiento dialéctico de la razón y el esfuerzo de la voluntad, no sé si será temerario afirmar que llegarían bastantes menos hombres a él, con ser poquísimos los que ahora, como vemos, alcanzan esta meta. Pues porque a este mundo nos ha arrojado como precipitadamente y por diversas partes, cual a proceloso mar, Dios o la naturaleza, o la necesidad o nuestra voluntad, o la combinación parcial o total de todas estas causas -problema éste muy intrincado, cuya solución tú mismo has emprendido-, ¡cuántos sabrían adonde debe dirigirse cada cual o por dónde han de volver, si de cuando en cuando alguna tempestad, que a los insensatos paréceles revés, contra toda voluntad y corriente, en medio de su ignorancia y extravío, no los arrojase en la playa por la que tanto anhelan!
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Vida feliz
Agustin de Hipona


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